Parte 3 - Movimiento consciente y artrosis: cómo recuperar la movilidad sin miedo

Publicado el 19 de diciembre de 2025, 16:47

Moverse con artrosis: por qué la inactividad aumenta el dolor

Una de las creencias más arraigadas en las personas con artrosis es que, cuando duele, lo mejor es moverse menos. Esta idea, aunque comprensible, suele ser el origen de un empeoramiento progresivo del dolor y de la rigidez. Tras más de veinte  años de experiencia clínica, puedo afirmar que el cuerpo con artrosis necesita movimiento adecuado.

El problema no es moverse, sino cómo nos movemos, desde dónde y con qué intención. Cuando el movimiento desaparece por miedo al dolor, la articulación pierde nutrición, los tejidos se vuelven más rígidos y el sistema nervioso entra en un estado de protección constante.

El reposo prolongado: un falso aliado

El reposo puede ser útil en fases muy agudas, pero cuando se convierte en una estrategia habitual, deja de proteger. La articulación que no se mueve pierde capacidad de adaptación. Los músculos se debilitan, la fascia se densifica y el líquido sinovial —el lubricante natural de la articulación— se distribuye peor.

En consulta veo a menudo personas que han reducido tanto su movimiento que su dolor ya no depende solo de la artrosis, sino del desuso. El cuerpo se vuelve más frágil no por la patología en sí, sino por la falta de estímulo.

Movimiento consciente: qué significa realmente

Movimiento consciente no es hacer ejercicio intenso ni forzar rangos de movimiento. Tampoco significa ignorar el dolor. Movimiento consciente es aquel que se realiza con atención, respeto y progresión.

Implica sentir cómo responde el cuerpo, regular la respiración, adaptar el ritmo y permitir que la articulación participe sin entrar en defensa. Este tipo de movimiento informa al sistema nervioso de que el cuerpo está a salvo, reduciendo la percepción del dolor.

El sistema nervioso y el miedo al movimiento

En muchas personas con artrosis, el dolor no es solo mecánico; está amplificado por el sistema nervioso. El miedo a moverse crea un estado de alerta que mantiene la musculatura en tensión y reduce la fluidez del movimiento.

Cuando el movimiento se introduce de forma suave y consciente, el sistema nervioso empieza a bajar la guardia. El cuerpo recupera confianza y el alivio es inmediato.

Una vez que el sistema nervioso percibe seguridad, disminuye la tensión muscular y el dolor deja de ser el protagonista constante. La persona empieza a moverse con más naturalidad, gana confianza y recupera control sobre su cuerpo.

Este enfoque demuestra que la artrosis no solo es un problema físico, sino un fenómeno complejo donde el sistema nervioso juega un papel central.

Movimiento como información, no como castigo

Cuando el movimiento se vive como una obligación o un castigo, el cuerpo se resiste. Cuando se vive como información y cuidado, el cuerpo responde.

A lo largo de los años he visto cómo personas que creían que ya no podían moverse recuperaban gestos simples: levantarse con más facilidad, caminar con menos rigidez, dormir mejor. No porque la artrosis haya desaparecido, sino porque el cuerpo ha dejado de estar en guerra consigo mismo.

El movimiento consciente transforma la relación con el propio cuerpo. Deja de ser un enemigo imprevisible y se convierte en un territorio que puede escucharse y cuidarse.

Este cambio no ocurre de un día para otro, pero es profundamente sostenible. Cuando el cuerpo se siente acompañado, encuentra nuevas formas de adaptarse.

Comprender que moverse menos no protege, sino que limita, es un paso esencial para convivir mejor con la artrosis. El movimiento adecuado no cura la artrosis, pero devuelve algo igual de valioso: autonomía, confianza y calidad de vida.

... A la continuación parte 4...

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